Entrevista a Michel Onfray: "Estamos en una civilización de iletrados" - Cité de libro

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lundi 28 juillet 2014

Entrevista a Michel Onfray: "Estamos en una civilización de iletrados"

Michel Onfray
El filósofo francés viene de publicar La réel n’ai pas eu lieu (Lo real no tuvo lugar), el primer volumen de su contra-historia de la literatura. Una oportunidad para que él tome los más falsos discursos sobre las obras maestras de los siglos pasados y, poner en cólera a la producción actual. 

La entrevista fue publicada por el diario francés L’Epress.


¿Usted comienza la publicación de una contra-historia de la literatura? ¿Es un simple eco de su trabajo en la filosofía, o ¿Esto significa también que la historia de la literatura hasta el momento ha sido mal hecha?

Por supuesto, hay una especie de guiño a mis trabajos anteriores, pero mi trabajo en la literatura es diferente de lo que he realizado con la filosofía. No pretendo decir que la historia de la literatura fue mal hecha, sino que quería hablar de obras maestras que a menudo se conoce por su reputación, o que no se dijo aún todo.
Sade, por ejemplo, no es leído o bien lo es con los lentes de Apollinaire. Don Quijote, para mí, no es tanto una crítica ideal caballeresca que la novela de la negación. Esto es el problema de las obras maestras: Ellas brillan con un tanto resplandor que a menudo no lo vemos más. Pero si tenemos una fresca lectura, subjetiva, personal, singular, siempre encontramos algo que decir, fuera del discurso clásico.

¿Hay que hacer economía de la biografía de un autor?

Por supuesto que no. Esto es lo que hago en la filosofía: la obra completa leída en el orden cronológico en confrontación con la correspondencia y la biografía. Si usted quiere ser pedante, esto se llama la deconstrucción existencial.

Esto también funciona para la literatura. Para Sade por ejemplo, el aspecto biográfico es esencial. Todo el mundo dice que lo que escribe Sade es una ficción literaria, es porque no ha tenido una sexualidad libertina que tenía esta escritura, y que es el único escritor que fue encarcelado bajo la República y el Imperio. ¡Sin embargo, esto no es lo que se descubre al leer la biografía de Gilbert Lely! Mi hipótesis es que él era un delincuente sexual, que tuvo secuestros, torturas, actos de barbarie, los tratos inhumanos y degradantes... Estos son sus acciones que lo llevó a la cárcel, y no una eventual libertad de pensamiento y expresión.

¿Podemos teorizar sobre la novela, por lo tanto sobre la ficción, como se hace en los conceptos filosóficos?

No tengo la impresión de teorizar: el título de mi libro, Le réel n’a pase u lieu, es el principio mismo de la obra. Hay algo universal en lo que dice Cervantes - es incluso lo que hace la esencia de una obra maestra. Así que, obviamente, la recepción no siempre es el mismo, también hay una historia de la recepción de El Quijote: hay una recepción de derecha, de la izquierda, de extrema derecha, de extrema izquierda, nacionalista, cristiana... Es lo universal que es susceptible de interesar a un filósofo en una novela, lo se dice del hombre en todos los países y en todas las épocas. Esto es lo que hace la riqueza de estas obras. Y, ciertamente, la diferencia entre una buena y una gran novela.

¿Significa esto que la novela, esencialmente ficticio, puede pretender a la verdad, al instar de la filosofía?

Sí, la filosofía no tiene el privilegio de la verdad, ni incluso del error. La ficción es a veces más portadora de la verdad. En Gulliver de Swift, hay más verdad que en muchas reflexiones filosóficas, particularmente políticas. A condición de que la literatura sea la literatura: hoy en día, asistimos a un empobrecimiento de la novela. Lo propio de la Literatura para mí es al menos la imaginación. Pero ahora ella se reduce a una especie de auto ficción que vernos a todos diciendo una parte de su vida- sobre todo si encontramos sexo, obsceno. Quiero por prueba el éxito de Marcela Iacub, Christine Angot y una serie de personas que, por falta de imaginación, piensan que cambiar los nombres propios es suficiente para hacer la literatura. No lo creo.

A menudo me preguntan: "¿Entonces, cuando escribe usted una novela?" Respondo que soy incapaz, que no tengo imaginación. Yo puedo contar algo de lo que viví, pero no puedo crear personajes e inventar situaciones. Pero, para mí, el gran novelista, incluso tomando en cuenta la declaración de Flaubert "Madame Bovary soy yo", este no es el que cuenta su vida, es el que, a partir de una anécdota, de lo particular, logra lo universal. Aquel que produce un arquetipo que permite de decir: esto es la forma en que siempre ha funcionado y esto continuará funcionando.

La novela se debe desarrollar las ideas o puede simplemente presentar los personajes y la acción?

La novela con ideas son a menudo pesados y dolorosos. Cuando la novela aborda la filosofía, lo hace a través de los personajes: Pienso en Dostoievski, que los filósofos lo encontraron muy bien y les gusto. O En busca del tiempo perdido, que cuestiona el tiempo, la memoria, los recuerdos, la historia. Incluso sin hablar de su análisis de la caída de la aristocracia y de la emergencia de la burguesía. Lo mismo con Zola o Balzac, lo cual me inclina a pensar que la novela es más útil para mejor pensar el mundo.

¿Cómo leer hoy, en una época que conspira contra la literatura?

Esta es una buena pregunta. Creo que estoy comenzando a tener la edad  que permite de tener los propósitos de viejo imbécil: ya no se lee más hoy en día. Mis amigos de la infancia me dicen que han conocido estudiantes como yo, que ponían el poco dinero que tenían en los libros de ocasión, que lo vendían para comprar otros, con un verdadero entusiasmo. Hoy en día, ya no vemos más eso. Y es muy desesperante.

He sido profesor durante veinte años, he visto a los antiguos maestros que se jubilaban y los recién llegados que los reemplazaban…. y he constatado su incultura. Es normal ser  un poco inculto cuando uno llega tan joven, ¡Pero ellos ni siquiera habían leído a los clásicos! ¡Pero hay que empezar por ahí: podemos no haber leído el último de Houellebecq o de Onfray, es mejor haber leído un Malebranche! La gente que lee hoy en día son muy pocos. Mientras pasamos en promedio tres horas cincuenta minutos al día viendo la televisión...

Y cuando nos fijamos en la lista de los más vendidos, ¿Qué es lo que se vende? El próximo libro de Valérie Trierweiler, o las Memorias de Basile Boli. Y durante este tiempo, ¡Yves Bonnefoy vende 300 ejemplares! Cuando pensamos en él por Las Pléyades, para el Premio Nobel de Literatura. Y¿Somos 65 millones de habitantes? ¿Qué significa esto?

¿El lector hoy en día es un resistente? 

Sí, por supuesto. Estamos en una civilización de iletrados, en el sentido etimológico del término, una civilización de los egipcios. Hay algunos escribas, que saben  leer y escribir, que les gusta eso, que tienen una relación amorosa con el texto y el papel, y luego están los demás. Yo no estoy en una lógica decadentista o reaccionaria. Es así.  Hay una civilización que se derrumba, aquel del libro. La consecuencia real, es el formateo del cerebro: es un órgano en el cual se encuentra lo que ponemos. Si usted pone el vacío, allí hay el vació.

Esto también significa el triunfo de la reproducción social. Mi madre era empleada doméstica, mi padre era un agricultor, y sin embargo fui capaz de salir  adelante en esa época. Hoy en día, en la misma configuración, yo no saldría adelante. Yo sería también un obrero agricultor. Cuando los niños no leen, cuando la escuela no les transmite esta cultura, y en su lugar  le ponemos frente a la televisión, renunciamos a educarlos. Porque un cerebro que no se concentra, no se concentrará nunca. Ya no podremos leer Guerra y Paz. La gente que habrán leído En busca del tiempo perdido de Proust de principio a fin será cada vez más rara.

Vamos hacia una civilización de personas cuyos cerebros es fabricado por las informaciones continuas: Es BFM  [Televisión francesa, ndlr] quien hace la ley. No hay desarrollo en el tiempo, no hay dialéctica, no hay posibilidad de inscribirse en el espacio mental o intelectualmente, no hay razonamiento. Apenas el lema. El lema está en el puro instante, se puede repetir, por lo que es fácil. Y desesperante. Y de hecho, el libro ya no tiene su lugar.

Frente a este reconociendo, ¿Cuál es el papel del escritor hoy en día? 

El problema del escritor, es del editor. Hoy en día un escritor es alguien cuyo editor habrá elegido el libro. Es decir a menudo lo que los directores comerciales le habrán dicho al oído. Toda la literatura más compleja, con un estilo real, ya no se publica. Esta es quizás la literatura del futuro, en todo caso, no es aquel de hoy en día. El libro se ha convertido en una mercancía como cualquier otra, y hay un menor número de editores que realmente hacen su trabajo. Incluyendo los editores que dicen "todos somos resistentes", que pretenden estar en otra lógica, mientras que son simplemente subvencionados por el CNL [Centro Nacional del Libro, ndlr] y ofrecen una literatura tan falsa como la primera. Los verdaderos editores, capaces de tomar riesgos sin sucumbir a la tentación de la moda, por desgracia, no sabemos dónde encontrarlos.

Su Contre-Histoire de la Philosophie (Contra-historia de la Filosofía) se detiene en el siglo XX. ¿Existe  hoy en día escritores que proponen conceptos para pensar lo universal?

La ventaja, cuando yo fui publicado por Grasset, es que me enviaban todas las novelas publicadas por ellos. Esto me parecía tan indigente como literatura que preferí echar un vistazo a otras cosas, autores o editores que me habían hablado. Leí a Houellebecq porque  había que leer, pero no me gusta. Se pega demasiado en el tiempo, con sus antihéroes desbaratados, su gusto por todo lo que es sucio, desordenado, su gusto de la vida y su cinismo insoportable. Con su falta de estilo también, sobre el modo "sujeto verbo complemento", plagado de verbos pobres.

Cuando yo escribo, también tengo a priori verbos pobres: ser, decir, hacer.  Enseguida yo trabajo mi texto para eliminarlos, para proporcionar un lenguaje rico, preciso. Uno tiene la impresión de que Houellebecq,  no trabaja más que en algo gris, neutral. Entiendo que esto puede ser el espejo de una época, pero como no me gusta nuestra época, Houellebecq no me interesa.

Yo prefiero algo original, un autor que salga un poco de su tiempo. Recuerdo un autor con el nombre de Olivier Bleys, que publicó Le Prince de la Fourchette: es un libro de Rabelais con vocabulario, una verdadera investigación estilística. No hablamos en absoluto, mientras que tan pronto Christine Angot publica un libro hay cuatro páginas en Le Monde des livres  y en  Libération.

En cuanto a la literatura extranjera, también hay una pequeña parte de la producción, una muestra. Puede haber un genio japonés de 25 años que escribe cosas hermosas, pero nunca serán publicadas, eso es lo que es desesperante. En el pasado, había editores que tomaban riesgos. No quiero fantasear con Gaston Gallimard, pero él tomaba realmente riesgos para que Sartre se convierta en Sartre, que  Malraux se concierta en Malraux, que Camus se convierta en Camus. Yo espero todavía que alguien tome la posta.

Libro : Le réel n'a pas eu lieu. Le principe de Don Quichotte (Lo real no tuvo lugar. El principio de Don Quijote) por Michel Onfray, 208 p.

Fuente: L'Express.fr, 25/04/2014

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